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viernes 6 de noviembre de 2009

Happy Birthday, Teacher!


Un cuarto de siglo no se cumple todos los días, y de hecho, sólo se cumple una vez, porque a partir de ahora, ya serán dos cuartos de siglo, tres cuartos de siglo... y para de contar, que dudo mucho llegar al siglo completo, aunque quién sabe. Yo querría dar guerra eternamente, pero...


El caso es que el próximo domingo día 8 de noviembre, es decir, pasado mañana, Catherine Heathcliff, la que escribe, cumplirá la nada desdeñable cifra de 25 años. Y es que a mí siempre me ha gustado ese número. Supongo que es una buena edad, y en fin, creo que llega en el momento vital más apropiado para mí, pues hacía mucho tiempo que no me sentía así de bien en (casi) todos los sentidos. Dejemos el "casi" cauteloso, pues.


Hoy mis alumnos me han hecho un regalo. Un regalo precioso. Han escrito todos en una improvisada felicitación una dedicatoria, y está firmada por todos y cada uno de mis pupilos. Buenos deseos de cumpleaños y hermosas palabras de cariño. Además, me han cantado el cumpleaños feliz, tanto en la lengua de Albión como en nuestra lengua mater. Lo cierto es que ha sido toda una sorpresa, y aunque haya días en los que las clases no salgan del todo como yo esperaba, y aunque tenga la completa certeza que de aquí a junio tendré días pésimos, así como inmejorables, estoy infinitamente agradecida por el cariño que en tan poco tiempo recibo por parte de ellos.


A pesar de castigos, miradas severas, reprimendas, deberes extras, exámenes complicados... y a pesar de sonrisas, juego del Ahorcado el último cuarto de hora si se portan bien (eso sí, con vocabulario del tema, que hay que repasar), palabras de aliento, ánimo cuando parecen agobiarse (hay veces que utilizar el got o no detrás de have puede ser una decisión agotadora de la que dependa que Sevilla entera se hunda en una zanja o no).


Y a pesar de adorarlos. Porque es que ellos no son conscientes de lo mucho que su "seño" les aprecia. Hoy, mañana y siempre.


Mi tableta de chocolate negro, mi dedicatoria... what else could I ask?


Feliz cumple, seño.


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Happy Birthday, de Bernadette Carroll.

jueves 5 de noviembre de 2009

Chocolate


Hoy es un día especial, o al menos, a mí me lo parece.


Y digo que a mí me parece especial porque alguien me ha endulzado la jornada, y por extensión, el resto de una semana que se me estaba haciendo un tanto cuesta arriba.


Hoy me han regalado una tableta de chocolate. De chocolate negro.


E, independientemente de lo infinitamente agradecida que me he sentido y que me siento por el hermoso detalle, ese gesto y los minutos de conversación posteriores han conseguido que comience a contemplar las cosas de otra manera.


Hoy he llegado a casa a la hora de comer y he escrito un mensaje con mi móvil. Lo he enviado. A los diez minutos, he recibido una llamada a mi teléfono.


- ¿Diga?

- ¡Hola!

- ¡Hola, papá!


...Muchísimas gracias...


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Les Bonbons, de Jacques Brel.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Tras la máscara


Tenía la sensación de que le habían pegado un mazazo en la cabeza y acababa de despertar bruscamente. El dolor de cabeza tras una mala noche de sueño era permanente.


Parece ser que todo había sido producto de su inquieta imaginación. O eso, o ella había visto nublados sus sentidos y no entendía nada en absoluto.


Es increible lo volátiles que son los sentimientos, pensaba. Claro, lo son aquéllos que no corren parejos a otros. A los esperados.


Le sorprendía comprobar lo que habían provocado los escasos días de separación, y no podía evitar preguntarse si alguna vez había sido diferente, o si todo había sido devaneo sin rumbo fijo de sus anhelos.


Todo era demasiado complicado y ella estaba cansada de aguardar. Estaba cansada de sentirse una completa imbécil, y una vez más, se avergonzaba. ¿Es que acaso no iba a escarmentar?


Abrió la ventana. El fresco aire de la mañana acarició su cara. Pero eso no la renovó, como esperaba. Tal vez era porque desde hacía varios días no se sentía ella misma.


Es lo que suele pasar: tras la tempestad llega la calma, y tras la euforia llega el hundimiento.


O tal vez fuese sólo una cosa de paciencia, de seguir aguardando.


Pero, ¿para qué, al fin y al cabo?


La máscara era demasiado pesada, y estaba agotada de ocultarse tras ella.


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Behind the Mask, de Fleetwood Mac (Behind the Mask)


martes 3 de noviembre de 2009

Pater familias


Comencé a hacer deporte a finales de 2006. Desde esa época hasta día de hoy es algo rutinario, algo que hago cada día, sin excepción, en sesiones de una a dos horas diarias. Aerobic, pilates, tai chi, yoga, correr... todos los días hago aeorobic y pilates, y dos veces por semana también salgo a caminar y a correr durante dos horas. Siempre he sido de hacer deporte en soledad; nunca me ha gustado compartir ese momento. Hasta ahora.


Desde hace unas semanas, comencé a hacer mis sesiones particulares con una gran persona, y desde entonces, mis horas deportivas no son lo mismo. Disfruto como una niña pequeña, hasta el punto de que si llega el día en que tengo que hacer deporte sola, se me hace cuesta arriba completar la sesión, aunque lo haga. Nos reímos mucho y nos sentimos satisfechas al finalizar los ejercicios, beber un vasito de Aquarius y sonreir a cuasa de las endorfinas que segrega el cerebro. Me encanta. ¡Y mañana más!


Hoy hemos tenido antes sesión de cine. Palomitas en mano, hemos disfrutado de una buena película y charlas varias, y después, a ejercitarse, para que no se pierda ni un sólo día y eliminemos el sentimiento de culpabilidad de las palomitas.


Ahora, mientras escribo esto y saboreo un caramelo Werther, siento agujetas en mis brazos a causa de las pesas. Hasta esta noche no me he quedado sola en el piso y hoy más que nunca me siento sola. Este fin de semana ha sido difícil. Para lo que muchos ha sido un puente para disfrutar, para mí ha sido unos días para sentirme lejos de un ser querido. No me gusta no llegar a una entente cordiale con esa persona, ni me gusta tampoco ver a mi madre que sufre en silencio nuestra falta de entendimiento. Echo de menos que me llamen desde casa y que me hablen dos personas...


Me voy a ir a la cama ahora mismo, justo cuando termine esta entrada, pero a diferencia de semanas atrás, esta noche será dolorosamente triste. Siento lágrimas cálidas, pero no me permito llorar. Hoy no.


Estoy agotada esta noche. Mañana será otro día... sesión de deporte incluida, rato de evasión. El escape que necesito y que mis solitarias tardes de café no me aporta.


Te echo de menos, papá.


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: On your porch, de The Format.

lunes 2 de noviembre de 2009

Me gusta


Me gusta Sevilla. De hecho, me gusta muchísimo Sevilla. Me gusta pasear por sus calles, sin aparente rumbo fijo. Me da igual el propósito o razón, el día, la estación del año, las circunstancias... para mí, cada esquina de esta ciudad esconde un tesoro a descubrir.


Me gustan las fuentes. Me puedo tirar horas contemplando el agua, oírla correr, sentarme en un bordillo en ellas... y aquí en Sevilla las hay a miles.


Me gusta el río Guadalquivir.


Me gusta sonreir. Me encanta ver cómo alguien también me responde con una sonrisa, pero sólo si ésta es sincera.


Me gusta la amabilidad. Yo siempre digo que ser amable no cuesta nada, es gratis, así que no entiendo por qué hay veces que la gente es antipática por naturaleza. Me gusta decir "buenos días", o "buenas tardes", o "buenas noches", o un simple "hola", y que me contesten.


Me gusta cómo huele mi madre. De hecho, creo que deberían patentar su olor, porque es el aroma más hermoso que jamás he percibido. La piel de mi madre huele a dulce, a jabón. A mamá. Me enorgullece decir que es sólo para mí cuando me abraza.


Me gusta la amistad. La sincera.


Me gusta una buena conversación, de cualquier tema, quizás, pero que sea buena e interesante. Me gusta hablar, y hablar, y hablar... y tener delante a alguien que sepa escuchar. Y viceversa, porque siempre me he considerado alguien que sabe escuchar.


Me gustan los animales, los perritos, especialmente. Pero por encima de todos, mi perrita Lupy.


Me gusta el cine, la música, el teatro, la literatura. Disciplinas muy conectadas, no compartimentos estancos. Cuatro grandes pilares en mi vida.


Me gusta Tim Burton, Coldplay, las Brontë y Daniel Day-Lewis.


Me gusta todo lo gótico, si bien no como estilo de vida, sí como estética y cultura. Me apasiona.


Me gustan mucho los coches. Hablar de mecánica, de modelos, de marcas, de prestaciones... puedo pasarme las horas muertas hablando de los pros y los contras del motor híbrido del Toyota Prius, o intentando explicar por qué el Mini es mi coche favorito... y el que nunca podré conseguir, no me llega el dinero. Me gusta también el fútbol, como decía la coplilla. Hace años veía hasta los partidos de segunda división, pero con el paso del tiempo, he visto reducido mi interés sobre todo a mi equipo predilecto, al que sigo al milímetro. Los coches, el fútbol... no me gustan los clichés, pero son cosas que hacen que mis amigos me digan "y eso que eres chica". Repito, no me gustan las etiquetas.


Me gusta conducir.


Me gustan las caricias, los abrazos, los besos. Darlos y recibirlos.


Me gusta escribir.


Me gustan los comentarios en mi humilde blog. Leerlos y responderlos.


Me gusta la fruta, la verdura y la carne de pollo. Me gusta la comida de mi madre. Es la mejor del mundo. Me gusta muchísimo cocinar, y además, se me da bien, lo reconozco, aunque peque de soberbia.


Me gusta la ropa, los zapatos, los cosméticos, los perfumes, los complementos. Tengo un lado frívolo que a veces es bastante poderoso; peligrosamente poderoso, diría yo.


Me gusta la higiene y el orden milimétrico.


Me gusta la puntualidad.


Me gusta comer tranquilamente, jamás sin prisa. Si tengo que levantarme media hora antes para desayunar con pausa, lo haré.


Me gusta mi trabajo. Adoro la enseñanza y la investigación. Hay docentes que, tristemente, no son conscientes de la maravillosa labor que tenemos la suerte de impartir.


Me gusta comer o cenar fuera, para después tener una sesión de cine o una copa o café tranquilos.


Me gusta el café y el Cola-Cao.


Me gusta soñar, imaginar lo que con secreto anhelo oculto dentro de mí, aguardando a que algún día quizás se cumpla.


Me gustan las ironías, el sarcasmo y las indirectas. Y también las paradojas, pues me gusta que la gente sea clara y concisa conmigo; que me digan las cosas sin miedo.


Me gusta el silencio. Sé guardar un secreto.


Y, aunque parezca mentira, no me gusta nada hablar de mí. Así que quizás he escrito estas líneas para que alguien sepa algo más de mí, o simplemente, son un examen de conciencia. Me gustan muchísimas cosas más, pero han brotado de mis teclas éstas. No en el orden de preferencia.


Me gusta esta entrada...


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Nine Million Bicycles, de Katie Melua (Call off the Search).

domingo 1 de noviembre de 2009

Agora (2009), de Alejandro Amenábar


Sinopsis: En el siglo IV, Egipto era una provincia más del Impero Romano. Su capital, Alejandría, se había convertido en el último reducto de una cultura a extinguir, cuyo trágico primer paso fue la destrucción de su emblemática biblioteca. En una época de revueltas de religión, en la que cristianos, judíos y paganos luchan por su supremacía, la brillante astrónoma Hipatia, atea y filósofa, lucha por preservar la sabiduría del mundo antiguo, sin percatarse de, por un lado, que su esclavo, Davo, se debate entre el apasionado amor que le profesa y el ansia de libertad que el cristianismo le ofrece, ni de que su antiguo discípulo Orestes, futuro prefecto, por otro, también la desea.

Este viernes saqué un poquito de tiempo y finalmente conseguí ir al cine a ver la película de la que todo el mundo habla. Lo cierto es que ya, directamente y sin dar más rodeos, no me gustó un pelo lo que vi. Venga, vale, sí, lo admito: me lloverán lanzas, dagas y cuchillos varios cuando la gente lea esto, pero es que es la pura verdad. Venga, la escenografía es magnífica, así como la fotografía; la ambientación, el atrezzo... y, sobre todo, lo que a mí más me gustó fue la banda sonora, de Dario Marianelli, que me pareció realmente impresionante. De verdad.

Lo cierto es que no entiendo varias cosas. La primera es por qué todo lo que huela a Amenábar es intocable. Que sí, que tiene un Oscar en su haber y que es un muy buen realizador, pero de ahí a que todo el mundo acuda cegado por su resplandeciente luz... venga ya. También hay que ser objetivos, y a mí me parece que Agora tiene un guión muy pobre. Se me hizo corta para no ser una película de escaso metraje, pero es que eso fue así porque me pasé todas las escenas buscando una explicación a la presencia de Hipatia por ahí. Porque, para mí, Hipatia es un mero pretexto por parte de Amenábar para representar las consecuencias del extremismo religioso por parte tanto de cristianos, como de judíos, como de paganos. Hipatia llega, enseña, investiga, hace un descubrimiento que tambalearía los cimientos de la ciencia y muere. Hala, ya está. Y mientras sus conciudadanos pegándose mamporros y espadazos a cascoporro. Siento ser tan superficial a priori, pero ese es el sabor de boca que me dejó la supuesta obra maestra de Amenábar.
Y me río también de aquéllos que dicen que Rachel Weisz es un pedazo de actriz, que demuestra su talento en Agora. Vamos a ver, señores: de toda la vida de Dios la señorita Weisz ha demostrado ser una actriz como la copa de un pino, no es nada nuevo y no necesita de Agora para probarlo. A su filmografía me remito, destacando grandes interpretaciones como El hombre que vino del mar, (Swept from the Sea, 1997), Enemigo a las puertas (Enemy at the Gates, 2001), El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2005) o La fuente de la vida (The Fountain, 2006). Así que sí, Agora merece también la pena no sólo por los aspectos ténicos, sino también por ella. Porque estallo a carcajada limpia con el resto de secundarios, como Max Minghella, en el papel de Davo. Y es que el apellido tiene tela de influencia, vamos, porque otra cosa no me explico yo. Y bueno, salvo de la quema a Oscar Isaac, el actor guatemalteco que interpreta a Orestes, porque su interpretación me pareción buena a secas y porque su presencia escénica a mí me pareció arrebatadora y subyugante. Pero ya está.

En fin, creo que seré la única española que opine algo negativo de Agora. Francamente, me da igual. Yo, desde mi humilde blog, no la recomiendo en absoluto. Ahora ya cada uno que haga lo que quiera.

Evidentemente.

Catherine Heathcliff.

Lo que estoy escuchando: Woman, de Neneh Cherry.

jueves 29 de octubre de 2009

Amiga


Esta tarde he recibido la llamada de una amiga. Una amiga de las buenas. Hace bastantes meses que no nos vemos. Ella está en el norte y yo en el sur. Y, sin embargo, las dos nos conocimos en el este. Siempre la he echado de menos porque fueron pocos los meses en los que tuvimos oportunidad de intimar más, así que, siempre que pienso en ella, aparece rodeada por un halo de nostalgia. Ella necesitaba hablar. Lamentablemente, este no está siendo su mejor año. Las cosas se han ido torciendo progresivamente los últimos meses, y para colmo de males, hace poco le han roto el corazón. La charla ha sido larga, pero no puedo evitar tener la sensación de que ha sido poco para ella. Ella no es realmente consciente de lo mucho que lamento no poder estar más cerca de ella y poder darle un buen abrazo de amiga para procurar animarla. En realidad, es lo que le he dicho esta tarde: dentro de unos años, mirará atrás y se preguntará, "¿realmente mereció la pena tanto sufrimiento?". Procuraré que, llegado el caso, también esté yo ahí al otro lado del teléfono para oirla sonreír ante el amargo recuerdo.


Los que sigan mis pequeños escritos en este blog sabrán que muy frecuentemente tiendo a esbozar mi alma a retazos a traves de esas líneas. Pero sí que es cierto que no suelo hacerlo "abiertamente", sino recurriendo al maravilloso poder del lenguaje metafórico.


Hoy va a ser la excepción. Porque mi amiga me ha hecho pensar.


No he sabido qué decirle porque, tristemente, entiendo, salvando las circunstancias de cada una, por lo que está pasando. El pasado mes de junio, al principio, pasé por algo parecido. Antes no me gustaba recordarlo, pero ahora puedo decir abiertamente que me importa un bledo, como diría aquél, hablar del tema. Porque yo tengo la plena convicción de que de todo se aprende. Y si algo he aprendido a raíz de aquello es a intentar relativizar las cosas. Y lamento con todo mi corazón haber pasado tantas semanas lamentándome por las esquinas. Jamás he sido así, y ahora sé que mis lágrimas no eran por el amor perdido, sino por mi propio orgullo mancillado; no me gusta perder ni a las canicas, y para mí eso fue un gran fracaso.


Realmente, no hace tanto que junio nos dejó, y sin embargo, yo me siento distinta. Muchas cosas en mi vida han cambiado de manera drástica y radical, y posiblemente, permanente. Mi mundo (im)perfecto, el que esbozo y construyo cada día. Todo es distinto, o quizás yo lo veo así. Relativizar y saber qué cosas son las que verdad importa. El mundo real, como me dijeron anoche. Y es verdad. El imperfecto mundo real. Y tal y como dije en la entrada anterior, yo ya sé cuál es la perfección utópica e irrealizable de mi agridulce mundo perfecto.


Necesito una buena conversación en mis solitarias tardes de café por Sevilla.


De todos modos, y como diría Segismundo, los sueños, sueños son, y yo quisiera poder eliminar el prefijo negativo de la palabra "imperfección".


Pero no puedo hacerlo sola.


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Delicate, de Damien Rice (O).

martes 27 de octubre de 2009

Perfección


Si todo fuera perfecto, en esta mundo no habría guerras, ni gente que pasara hambre o frío, ni existiría el drama de la inmigración, ni nadie moriría inútilmente.


Si todo fuera perfecto, las personas viviríamos sin preocupaciones, nos ayudaríamos mutuamente y el dinero no sería más que papeles de Monopoly y subsistiríamos con amistosos y satisfactorios trueques. No habría deudas y la codicia y la envidia serían palabas tabú en todo diccionario.


Si todo fuera perfecto, no habría problemas de lenguaje. Todos los seres humanos del planeta hablaríamos el mismo idioma, cuya palabra raíz sería "entendimiento". Todas las demás serían sus desinencias.


Si todo fuera perfecto, no existiría la discriminación. El respeto y el mutuo enriquecimiento serían los únicos ideales a seguir.


Si todo fuera perfecto, yo me regodearía deliciosamente en este sentimiento. Intentaría saber si es recíproco. Procuraría dejar que los acontecimientos fluyeran solos, que tuvieran lugar de por sí. Contemplaría las cosas con la certeza de que, para mí, todo es perfecto, porque de hecho lo sería. Jamás me había ocurrido la completa simbiosis, la total adhesión; nunca había tenido esa certeza, ni tampoco había sentido que merece la pena el riesgo total, sin importarme las consecuencias. ¡Qué consecuencias habría de haber, si todo sería perfecto!


Porque, si todo fuera perfecto, habría finales felices y, una vez sentada descansando, esta vez no en soledad, volvería la vista atrás y comprobaría que todo sería lo que había estado buscando durante años, hasta que me percaté que no había que buscar, sino dejar que la perfección anhelada llegara sola, de la manera más insólita e involucrando a lo más insospechado.


Porque lo repentino, lo inesperado, se paladearía con cuchara de plata y con sirope de fresa dentro de esa perfección.


Pero... (siempre hay un "pero"),


...la perfección no existe, según dicen. Y yo sé que esto, por más que yo me empecine en soledad, por más que yo lo anhele en secreto (consciente), no lo es. Porque sé cuál es la principal barrera (de las muchas que puede haber, casi con toda seguridad). Porque sé que, en mi mundo, hay un hueco vacante, y nací de naturaleza testaruda, pero por más que me empecine, me temo que no es posible que ese vacío deje de ser tal. Porque, repito, la perfección no existe.


Y, porque sé que, por muchos años que pasen, ese hueco seguirá vacío. Evidentemente, quizá se llene, pero sólo será de manera física al rellenar un espacio sin nada.


Pero aún no he perdido mi carácter soñador, y siempre me pregunto "¿y si...?". Porque, en realidad, la perfección no existe, pero lo más parecido para mí es esto. Porque no puedo evitar resistirme a pensar que no es imposible... y egoístamente sigo aguardando.


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Perfect, de Alanis Morrissette.

lunes 26 de octubre de 2009

Tardes de otoño


El otoño es mi estación favorita. Quizá sea porque nací en otoño, no sé, pero el caso es que esta época del año siempre me ha parecido románticamente bucólica; la melancolía implícita en el amarilleo de la hojas me continúa subyugando. Desde siempre he vivido mis días de otoño con jersey, mangas largas y calcetines de lana. Ya dijeron que este otoño iba a ser especialmente caluroso, pero a mí me choca aún más huir de mi prototípica estación estando en Sevilla. No puedo evitar sorprenderme de ver casi en noviembre chanclas y vestidos de lino.


Pero es que me encanta pasear por Sevilla, aún en circunstancias tan ajenas a los parámetros preestablecidos en mi cabeza.


No hace mucho un amigo mío me dijo que no entendía cómo podía vivir en Sevilla y tan lejos del centro sin coche. ¿Cómo es posible que haya dejado mi coche a 300 kilómetros de aquí? En realidad, la respuesta es sencilla: no lo necesito. Me parece de locos, siendo como soy una neófita en esto de vivir en capitales, meterme sin comérmelo ni bebérmelo en atascos interminables y pugnas al volante. Adoro conducir, pero largas y tranquilas distancias. Y además, cada vez que necesito ir al centro, como hoy, tengo mi autobús. No sé si es un medio de transporte cómodo, rápido o eficaz; evidentemente, hay opiniones al respecto para todos los gustos. Pero lo que sí sé es que cada vez que yo cojo uno es como si estuviera haciendo una personal ruta turística en soledad. Mis amigos se ríen de mí, quizá porque estén tan acostumbrados a Sevilla que no sean ya conscientes de lo maravillosa que es esta ciudad.


No es ningún secreto, lo he dicho miles de veces por aquí.


Tras los cristales del autobús, veo parejas de la mano, niños y ancianos. Quizá tribus urbanas, o grupos de jóvenes que parecen clónicos entre sí. Tal vez un yuppie con traje y corbata, pero en ciclomotor, o también un estudiante que presuroso carga su mochila al hombro mirando el reloj desesperadamente porque llega tarde. Turistas y coches de caballos. La chica que ha perdido el autobús y suspira refunfuñada. Dentro otro estudiante remolonea sobre sus apuntes, pasando páginas sin orden ni concierto. Anda, la Giralda al fondo... qué preciosa es. Una taberna irlandesa: se admiten invitaciones. El anciano de atrás canta flamenco y silba al compás. Las torres de la Plaza de España y el Parque María Luisa... recorrer senderos del parque de María Luisa, al anochecer más bonito aún. "¡Castañas asadas!". "Un capuccino, por favor". Nunca me ha gustado tomar café fuera de casa en soledad, pero desde que estoy en Sevilla lo hago todas las semanas. Esta noche cuando caminaba por el centro para volver a casa no corría brisa nocturna... pero el tiempo era muy agradable, no obstante.


Este otoño es especial; dentro de dos semanas será mi cumpleaños y yo sólo sé que estoy donde quería estar. Ése es uno de mis mejores regalos. Y sólo espero seguir viviendo muchos otoños más aquí. E inviernos, primaveras, veranos...


Catherine Heathcliff.


Lo que estoy escuchando: Autumn, de Paolo Nutini (These Streets).

domingo 25 de octubre de 2009

This Is Halloween!



Yo siempre he dicho de mí misma que era poco amiga de los cambios. Bueno, eso era antes, porque, dada mi experiencia de los últimos meses, me estoy dando cuenta que no está tan mal arriesgar... o innovar.

El caso es que el próximo fin de semana todo el mundo anglosajón estará celebrando por todo lo alto la festividad de Halloween. Bueno, el mundo anglosajón y también nuestro país. Nunca he sido muy aficionada a las celebraciones inglesas en nuestro país, pero bueno, es algo que paulatinamente se está implantando, así que en fin, o te unes al enemigo o...

Esta semana les he preparado a mis alumnos una programación especial sobre Halloween. Van bastante avanzados en el temario, así que pensé que no estaría mal dedicarle un par de clases a esta festividad. Cultura, origen, vocabulario, juegos... todo puede resultar muy interesante si se enmarca dentro del contexto apropiado. Así que, como colofón final, les pondré un ejercicio de fill-the-gap con una canción, This Is Halloween, de una de mis películas favoritas: Pesadilla antes de Navidad, (The Nightmare Before Christmas, 1993), película producida por mi director predilecto, Tim Burton.

He estado todo el fin de semana preparando las clases "especiales" para esta semana. Realmente, ahora mismo no sé si me hace más ilusión a mí que a los niños. Les encargué que durante esta semana me buscaran información sobre la película: argumento, personajes... in English, obviously. Evidentemente, mientras preparaba los temas a tratar estaba más y más feliz... soy peor que ellos, en el fondo; voy a disfrutar como una enana durante esta próxima semana.

Y es que soy una auténtica fanática de Jack Skellington... y del merchandising derivado.

Sólo espero que tanto plan salga bien... y que, sobre todo, disfruten aprendiendo. De eso también soy fanática.




Catherine Heathcliff.
Lo que estoy escuchando: Y pulsamos el play...

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